domingo, enero 01, 2006

Departamento de Ruiditos

La vida es una canción (se aceptan abucheos), y como no va a serlo para quien vive la música hasta en los lugares y momentos mas insospechados. Se dice que hay música para cada momento de tu vida, cuando estas de buen humor y cuando no lo estás. No me dejarán mentir los que se dedican de corazón a este asunto: es una forma de vida. Te persigue a donde vas y musicaliza tus actos, las situaciones más chuscas y las que no deseas recordar; la música es un adjetivo de vida para quienes gozamos del sentido del oído?

En un día sin tensiones, despertamos escuchando los trinos de las aves que se van intercalando con el sonido estridente del reloj despertador. Una vez de pie procedemos a echar un ojo para ver que tal pinta el día, así la melodía mental se torna mucho mas animada al sentir de inmediato los rayos solares que poco a poco calientan la habitación. Desayunamos mientras pausamos la melodía cerebral y le puchamos play al reproductor de CD que toca un disco con la misma vibra que la que traíamos en la cabeza.

Se pasa el tiempo y cuando menos nos percatamos el sol ya está casi en el cenit y van cuatro discos que han variado la melodía hacia ritmos mas acentuados y enérgicos; retomamos los deberes cargados con la misma vigorosidad que el ritmo de la música proporciona. Vamos sintiendo como perdemos energía conforme avanza el sol. Una pausa? un breve silencio que nos permite suministrar liquido a nuestro cuerpo; una vez transcurrido vuelve todo a su enérgica melodía que retumba en el ambiente.

Ya realizadas las labores del día los rastros del cansancio dan paso a la relajación que exige interrumpir el sistema físico de reproducción musical y reactivar el mental, el mismo que en este momento organiza la interpretación, adecuando la sensibilidad sonora al suave paso del viento por las hojas de los árboles. Reposando en esta apología del sonido, con el tiempo incorporaremos los sonidos provenientes quizá de un vecino probando su nuevo equipo de sonido o lidiando con su herramienta oxidada. En un rato el velo de la noche comienza a cubrirnos y sólo queda tiempo de regresar de ese arte sonoro pues el día se ha agotado y es tiempo de asfixiar los ojos unos tapones sonoros que nos acompañaran mientras dure el viaje "MOR" (la ultima fase del sueño).

Entonces, seremos nuevamente advertidos con un sonido chillante, incesante, de que la noche habrá finalizado, llegando el momento para aturdir el cuerpo de sonidos indescifrables, en un mar de exclamaciones rítmicas, que al final nos llevarán a buscar cobijo en un espacio de refracción acústica que permitirá rescatar alguna melodía extraída de la multitud.