jueves, junio 22, 2006

Una voz con fuerza renovada…


Los minutos de una vida dedicada a la radio
“¡Ponga a tiempo su reloj! ¡Las 12 del día!” Diría la antigua XEQK “La hora exacta”; en ese instante, la voz que anunciaba a “Marcos Carrasco”, nos invitaba acompañarlo a su “cubil”. Un pequeño cuarto dispuesto para que lo más indispensable este al alcance de su habitante. Radios de todos tamaños adornan prácticamente todo el cuarto que, de no ser por una pila de relojes de toda clase y precio ocupan la mesa cercana, no hay espacio para uno más.


Nos saluda el duranguense Ramón Ríos Hernández -nacido el 25 de octubre de 1930- con una sonrisa propia de alguien que ha pasado su vida siempre conciente del tiempo, guiado por la radio y ahora con el cansancio propio de una jornada laboral de 50 años. Este viejo amigo, que nos presume de sus 77 otoños, es una de las pocas voces de la vieja guardia que sobreviven de la radio “elegante”, la radio de sus recuerdos.

Don Ramón Ríos, no pierde oportunidad para invitarnos a apreciar su trayectoria; tras recostarse en su cama nos afirma: “Ingresé a la radio en 1949, estuve en Radio 620, la emisora de la Juventud Ciudad de México”. Se detiene y nos explica, que –al igual que su padre- desempeño el oficio de Telegrafista desde muy joven; a la radio no le veía futuro así que la dejó para irse a una “chamba” en Matamoros Tamaulipas. Sin embargo no se separó del todo de la radio, su actividad como telegrafista lo acercó nuevamente a la radiodifusión, pues en aquél entonces los telegrafistas (empleados de la entonces Secretaria de Comunicaciones y Obras Públicas) se dedicaban a vigilar a las radiodifusoras: a él le tocó la XEMT.

Tras un año se fue a Mazatlán como radiotelegrafista de la Compañía Mexicana de Aviación. Ahí, en Mazatlán aprovechaba para practicar anunciando las películas de los cines locales, todo con la intención de obtener trabajo en la XERJ “la catedral de la radio en la costa oriental del país”. Ahí anduvo hasta que: “se me metió lo loco y me vine a México”.

“Gustavo Armando Calderón “el Conde” me hizo favor de conseguirme trabajo en Radio 660”. Ahí estuvo junto con Jorge Kellog y con el propio “Conde” Sin embargo, puesto que en la 660 había programas de concurso y la música era de los Beatles, Creedence y The Doors, no lo sabían llevar bien. Así que los cambiaron a la XEB “porque era música acorde a nuestra edad y a nuestra época” Por aquel entonces, cuenta Don Ramón, los locutores empleaban una voz gruesa y elegante: “XEB La B grande de México, desde la capital para todo el país”, nos demuestra con cierta dificultad.

En la XEB cumplió cerca de 35 años laborando, pero no fue todo a lo que Don Ramón dedicaría su voz: “Yo tenía muchas ganas de entrar a la XEQK, la estación de la hora exacta, y estuve aproximadamente como 14, 15 años en la QK”. “Los sueldos de los locutores siempre han sido mal pagados”, “apenas me alcanzaba para medio comer. Por eso buscaba otra chamba”. Su horario le permitía escaparse por las mañanas para realizar la locución de los partidos de fútbol y por la tarde regresar a grabar en “la Hora Exacta” y por la noche cubrir su turno en su programa “Serenata Nocturna”, de 12 a 5 a.m. Sin embargo, tanto las restricciones impuestas por el sindicato –de no trabajar en mas de una emisora del grupo a la vez- y la llegada de la tecnología en los partidos de Fútbol, hicieron que Don Ramón se quedara a fin de cuentas con el trabajo en la “B”, hasta que se lo impidió un padecimiento.

LA RADIO DE SUS RECUERDOS



Gustavo Adolfo Calderón, José Ángel Fernández, Jorge Kellog, Luís Ignacio Santibáñez, Guillermo Núñez Kidd, entre muchos otros fueron sus colegas en aquellos años de la radio, la época en la que la voz atraía al público. “Ahora ya no se usa eso, ya desapareció totalmente la impostación, la elegancia de la voz”, apunta. “Estaba pegado escuchando la W, la Q, todas tenían onda corta y se oían como estaciones locales en Mazatlán, Matamoros, los Mochis, Culiacán… y de ahí les copiábamos el estilo”

La radio de complacencias (la que a él le tocó hacer) se hacía con público en vivo, ahí el auditorio podía escuchar a sus artistas favoritos y verlos de cerca, pero siempre con mucho respeto. “Yo viví la época del Romanticismo de Hugo Avendaño, de Juan Arvizu, y te llega de repente el Rock n Roll, pues lo veíamos terrible. Entonces con el tiempo va cambiando la música y los locutores también; que esperanza que le perdiera el respeto al auditorio, ahora dicen: ¡Hola manita como estas! ¿De qué color traes los calzones? Y cosas así… pero es el estilo, es la cosa nueva: Los chavos de 15, 20 años ahora les gusta oír eso.”

DE SU PRIMER ANUNCIO AL RETIRO

“Cafiaspirina es un Producto Bayer, y si es Bayer es bueno” anunciaba por primera vez en Matamoros. Don Ramón buscaba un trabajo sencillo, sin mucho esfuerzo: “era flojo de a montón”, motivación suficiente para seguir en el negocio por cerca de medio siglo “sentado ante un micrófono hablando”. El oficio de locutor le proporcionó grandes satisfacciones así como momentos tensos: gracias a la radio conquistó a su mujer, aprovechando la galanura de su voz y su gusto por las viñetas románticas; también gracias a ella acumuló anécdotas interminables que forzando la memoria nos revela una de tantas: “Estaba yo anunciando: compre usted sus calomisas, ca, ca, ca, calomisas, casimolas… hasta que por fin pude decir camisolas”.

Tras hacernos un recuento de sus innumerables reconocimientos y ofrecernos un vistazo a su reconocimiento por 55 años de locutor de la Asociación Nacional de Locutores; Don Ramón nos reveló la razón de su retiro: “A causa de una embolia me quedé tres meses sin hablar, me llevaron al Centro Medico, y gracias a que tengo una amistad con uno de los médicos del centro médico siglo XXI – me operaron entre cinco seis médicos- me enderezaron la vena carótida por que no podía hablar. Pero de nada sirve porque se me quita la enfermedad y sigue la viejentud, tons de nada sirve.”

LA VIDA SIN EL MICRÓFONO

A pregunta expresa, sobre que es lo que hace en su retiro, se adelanta y con gran entusiasmo dice: “¡Nada! Veo Televisión, me dedico al retiro. Oigo música, tengo 500 cassetes grabados de todo.” “Yo iba grabando (los cassetes) de uno en uno y los iba numerando, tengo un catálogo, pero debido a la embolia ya no pude escribirlos en limpio. De las seis estaciones de radio que eran del Grupo IMER, de Organización Radiofónica ORFEON. Todo me prestaban, me daban chance.”


“Ya no escucho radio, no me gusta. Para mí, no sé para los jóvenes, para mí esta decepcionante la radio. Yo oigo los cassetes, veo la televisión, en la noche escucho los noticieros de formato 21, de vez en cuando a Zabludovsky… Porque es el programa que paso ayer, es el programa repetición que paso en la mañana, es la repetición del programa de ante-anteayer y es un relajo… Con Abraham Zabludovsky en radio trece, un momento si oigo radio. Ya cuando me voy a dormir prendo la estación de radio…” Nos muestra su nuevo tesoro, un pequeño radio que, bien guardado se lo tenía en la almohada, sintoniza hábilmente en el 1590 “Radio Reloj” y de inmediato nos alerta “son las 12 con 46 minutos”

Ramón Ríos, locutor de la vieja guardia, con su vida en la radio dispuesta cada esquina de su confortable recámara, con su fonoteca que reta los programas de complacencias de “El Fonógrafo”; con el tiempo marcado por sus incontables relojes, que sincronizados al minuto, nos dan cuenta de una personalidad que se resiste a olvidar el tiempo vivido. Una voz que con fuerza renovada nos regala esta historia dedicada a la radio.


Entrevista Completa