lunes, enero 29, 2007

La Radio Universitaria: Su derecho a decir y su obligación de replantearse.

Las radios universitarias nacieron apoyando el modelo de radiodifusión público. Actualmente parece que su supervivencia depende de que se inserten en el concepto de la “radio propuesta”: la que experimenta y la que nutre de talento al circuito “profesional”. Las viejas formulas ya han sido explotadas y la situación en la que se encuentran las obliga a actuar más allá de los micrófonos; tienen que ganar su auditorio, deben conocerlo y han de incorporarlo a su estructura.

Si mucha de la radio universitaria reproduce modelos de la radio pública extranjera, se debe en parte a que no existen estudios sobre el auditorio de estas estaciones; no se sabe lo que el oyente busca de ellas, relegándole a su papel de receptor, perdiendo la posibilidad de abrir canales de retroalimentación a través de los recursos existentes.[i] Los estudios de audiencia, mas allá del uso comercial que se le ha atribuido, pueden proveer información que permita identificar y saber qué recursos son viables para captar el interés de públicos específicos.[ii]

Frente a la radio comercial que, con su inmediatez y competencia por puntos de rating, no cumple las exigencias de un público cada vez más despierto y ávido de nuevas formas informativas y de entretenimiento; la existencia de la radio universitaria puede catalogarse de milagro: con un auditorio reducido, con escasos recursos humanos y materiales, aunado al desinterés gubernamental por regular lo que por años ha ignorado, al sostener una ya muy superada Ley de Radio y TV. La aparición de estas radiodifusoras obedeció al interés de extender los beneficios de la cultura y sus manifestaciones más sublimes; un vehículo de información institucional. En la época de su nacimiento, 1937, no se percibían grandes diferencias respecto al modelo de la radio comercial, es decir, musicalmente eran muy similares, tan sólo sus contenidos variaban respecto a lo que por sus micrófonos se ofrecía; ello resultaba atractivo para aquella selecta audiencia. La radio se veía entonces como un servicio a la población, un escaparate de lo que ocurría al interior y fuera de las fronteras nacionales.
[iii]

El crecimiento abundante de la radio comercial respecto a la pública, trajo consigo su aislamiento de la industria que, aunado a la popularización del medio en todos los estratos sociales y a la aparición de la televisión (bajo el mismo modelo comercial), ocasionó la elitización de sus contenidos; negando el hecho de que, como producto social, en la cultura confluyen costumbres, ritos y expresiones artísticas del pueblo, que a su vez se ven enriquecidas por otras provenientes de la misma relación internacional. Este intercambio, propio del proceso global, favoreció el flujo de expresiones populares, de las cuales la radio universitaria se excluyó, cerrando filas frente al ejercicio comunicativo privado.
[iv]

Por ello, la radio universitaria, representa en nuestro tiempo la ocasión de encabezar el replanteamiento de objetivos, misiones y formatos que permitan cumplir con su labor de radio pública. No puede darse el lujo de aburrir a la audiencia, ni desvincularla de sus contenidos.
[v]

Es el momento para que, frente al proceso de digitalización de la radio, los espacios radiofónicos universitarios se planteen dos simples y complejas metas. En primer término acercarse al auditorio, promoviendo su participación activa en el desarrollo de las emisoras; generando una programación tendiente a atrapar a nuevos oyentes con propuestas atractivas (música e información útil). Y en segundo término, promoviendo la actualización jurídica de los medios públicos que tienda a puntualizar el ámbito de la radio permisionada y los derechos sobre financiamiento.
[vi]

En términos generales la apuesta de las radios universitarias es en la de gestar una programaciones dinámicas y frescas. No tienen por que concebírseles como meros laboratorios de experimentación, tienen la capacidad de ser un espacio alterno de propuesta responsable. Este nuevo horizonte permitirá legitimar su existencia y perfilará su lucha por su permanencia en el cuadrante.
[vii]

Se ha probado desde un inicio: la radio requiere menos de aparatos lujosos y más de ingenio. Es tiempo de que la radio universitaria, y en general la radio pública, deje su tibia voz y se lance con iniciativas, que a veces inciertas, le augurarán su “segundo aire”.

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[i] Peter Lewis, El medio invisible, Paidós comunicación, España 1992, pp. 99-103.
[ii] Ramiro Garza, La radio, presente y futuro, EDAMEX, México, 1998, pp. 68-69.
[iii] Gloria Fuentes, “La radiodifusión”, serie: La historia de las comunicaciones y transportes en México, dirección General de Comunicación Social SCT, México 1988, pp. 111.
[iv] Araceli Soní, “La cultura en el fin de siglo” en Casa del tiempo No. 50, UAM, marzo 2003, p.20.
[v] Beatriz Mejía, “La mística de la radio universitaria” en Alma Máter No. 100, Universidad de Antioquia, junio 2004.
[vi] Alma Espinosa, “Necesario replantear la radio Universitaria” en Universo Año 3 No. 119, Universidad Veracruzana, octubre 2003.
[vii] Irving Berlín, “El derecho a decir” en Revista latina de comunicación social No. 27, España, marzo 2000. publicación electrónica.